La importancia de la música en la educación infantil

La música forma parte de la vida de los niños mucho antes de que puedan hablar. Incluso la música se siente en el vientre de la mamá porque el feto es capaz de percibir los sonidos, las frecuencias y los ritmos del exterior.

Una canción, una melodía, el ritmo de unas palmas o el sonido de un instrumento pueden despertar la atención de un niño, provocar movimiento, generar emociones y convertirse en una oportunidad para aprender y disfrutar.

En la Escuela Infantil Sambori, entendemos la música como una herramienta educativa que acompaña el desarrollo desde los primeros años. No se trata de enseñar a los niños a ser músicos, sino de ofrecerles experiencias musicales que les permitan escuchar, experimentar, moverse, comunicarse y expresarse.

La investigación actual apunta, además, a que una educación musical estructurada durante la etapa infantil puede contribuir al desarrollo de algunas funciones ejecutivas, como el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva.

 

¿Por qué es importante acercar la música a los niños desde pequeños?

Los primeros años son una etapa de enorme desarrollo cerebral y aprendizaje.

Cuando un niño escucha una canción y después intenta repetir su ritmo, cuando espera su turno para tocar un instrumento o cuando se mueve siguiendo una melodía, está realizando mucho más que una actividad lúdica.

Está escuchando, anticipando, coordinando movimientos, prestando atención y relacionándose con los demás. Está aprendiendo a expresarse en otro lenguaje que es el de la música.

La música permite trabajar de forma integrada diferentes áreas del desarrollo:

  • Desarrollo sensorial: descubrir sonidos, intensidades, timbres y ritmos.
  • Motricidad y coordinación: acompañar la música con el cuerpo o tocar instrumentos.
  • Lenguaje: canciones, rimas, repetición de palabras y juegos vocales.
  • Atención y concentración: escuchar, esperar y seguir determinadas secuencias.
  • Educación emocional: reconocer y expresar estados emocionales.
  • Socialización: compartir experiencias, respetar turnos y crear música juntos.

Esta visión conecta especialmente bien con una educación activa, como la que promovemos en Sambori, donde el niño participa y experimenta en lugar de limitarse a recibir información.

¿Por qué es importante acercar la música a los niños desde pequeños?

¿Por qué es importante acercar la música a los niños desde pequeños?

También guarda relación con la idea de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, especialmente con la dimensión musical: cada niño puede encontrar diferentes maneras de comprender, expresarse y relacionarse con el mundo.

Eso sí, es importante no convertir la música en una fórmula para «hacer niños más inteligentes». La evidencia científica es más sólida cuando hablamos de habilidades concretas —como determinados aspectos de las funciones ejecutivas— que cuando se hacen afirmaciones generales sobre un aumento de la inteligencia.

Música y emociones: aprender también a sentir

La música tiene una relación muy estrecha con las emociones. Desde edades tempranas, los niños pueden responder al ritmo, el tempo, la intensidad y el carácter de una música, mostrando cambios en su atención, movimiento o estado emocional.

Por eso, la música puede convertirse en una herramienta muy valiosa para acompañar la educación emocional en la infancia.

Una canción tranquila puede ayudarnos a crear un ambiente de calma. Una música alegre puede invitar al movimiento y al juego. Una melodía más intensa puede despertar expectación o entusiasmo. Y una canción conocida puede aportar seguridad y conectar al niño con recuerdos y experiencias compartidas.

Pero hay algo todavía más importante: hablar de lo que sentimos al escucharla.

Podemos preguntar a un niño:

“¿Cómo te hace sentir esta música?”
“¿Te apetece bailar o estar tranquilo?”
“¿Esta música te parece alegre, tranquila o un poco misteriosa?”

No buscamos que exista una respuesta correcta. Cada niño puede vivir la misma música de una manera diferente.

Esto permite trabajar progresivamente el reconocimiento y la expresión de las emociones, al mismo tiempo que ampliamos su vocabulario emocional.

 

La música como lenguaje emocional

En estas edades, los niños todavía están aprendiendo a identificar y expresar aquello que sienten. A veces no encuentran las palabras para decir que están nerviosos, contentos, enfadados o tranquilos.

La música ofrece otro lenguaje para expresarse.

Cantar, bailar, tocar un instrumento, seguir un ritmo o simplemente escuchar puede proporcionarles una vía para exteriorizar emociones y compartirlas con los demás.

Desde una perspectiva Montessori, esto encaja con la importancia de acompañar al niño en el conocimiento de sí mismo y respetar sus diferentes formas de expresión. Y desde el enfoque de las inteligencias múltiples, la experiencia musical constituye también una oportunidad para desarrollar la sensibilidad y la expresión musical, sin olvidar que el aprendizaje infantil es global.

La música también se aprende en casa

La educación musical no empieza ni termina en la escuela.

La familia tiene un papel fundamental.

Y no hace falta disponer de instrumentos ni tener conocimientos musicales. Una de las mejores propuestas puede ser tan sencilla como cantar juntos.

Los padres pueden:

  • cantar canciones infantiles durante las rutinas diarias;
  • acompañar las canciones con palmas;
  • bailar juntos;
  • inventar pequeñas canciones con el nombre del niño;
  • jugar a distinguir sonidos;
  • escuchar música juntos y preguntar: «¿Te gusta? ¿Es rápida o lenta?»;
  • ofrecer pequeños instrumentos adecuados para su edad;
  • dejar momentos de silencio para que también aprendan a escuchar.

Lo importante no es crear una actividad perfecta, sino compartir la experiencia musical con el niño.

En educación infantil, el adulto puede acompañar y observar: ¿qué sonidos le llaman la atención?, ¿qué ritmo intenta repetir?, ¿qué música le hace moverse?, ¿cuándo prefiere escuchar tranquilamente?

¿Cómo podemos hacerlo en casa?

No necesitas ser músico o haber estudiado música para aprender en casa, no es necesario convertir este aprendizaje en una clase de música.

Aprovecha situaciones cotidianas:

Por la mañana: una canción alegre para comenzar el día.
Durante el juego: música que invite a moverse y experimentar.
Después de una actividad intensa: una melodía más tranquila para favorecer la transición.
Antes de dormir: canciones suaves, cantadas por los propios padres, que formen parte de una rutina predecible.

Y, sobre todo, podemos escuchar juntos.

A veces, sentarse durante unos minutos con nuestro hijo y preguntarle “¿qué sientes cuando escuchas esta canción?” puede ser una experiencia educativa mucho más enriquecedora que simplemente poner música de fondo.

La música estimula el cerebro, pero no necesitamos buscar una música “mágica”. Necesitamos ofrecer experiencias musicales ricas.

Escuchar, cantar, tocar, moverse, recordar ritmos, descubrir instrumentos y expresar lo que sentimos convierte la música en una experiencia global de aprendizaje.

Por eso, en educación infantil, tan importante como qué música escuchamos es qué hacemos con ella.

 

¿Qué música es adecuada para los niños?

¿Qué música es adecuada para los niños?

¿Qué música es adecuada para los niños?

Esta es una pregunta muy habitual entre las familias. No hay una sola respuesta, cada niño es diferente. Pero si hay cosas que debemos tener en cuenta.

No es necesario poner exclusivamente música clásica para favorecer el desarrollo de nuestros niños. Tampoco existe suficiente evidencia para afirmar que escuchar Mozart, por sí solo, haga que un niño sea más inteligente.

Lo que sí sabemos es que el tempo, la intensidad y las características de la música pueden influir en la respuesta emocional y de atención de los niños. Por ejemplo, algunas investigaciones han observado que los niños pequeños responden de manera diferente ante músicas rápidas y lentas, y que el tempo es una de las características que utilizan para interpretar el carácter emocional de una música.

Por eso, en casa podemos utilizar diferentes tipos de música según el momento:

Para relajarse

Música suave, de tempo lento, con poca intensidad y estructuras sencillas puede resultar adecuada para momentos tranquilos, lectura, descanso o preparación para dormir. La investigación sobre regulación emocional en la infancia identifica precisamente estas características —tempo lento, volumen suave y menor complejidad— con músicas de menor activación.

Para moverse y jugar

En cambio, para bailar, hacer psicomotricidad o trabajar el ritmo podemos utilizar música más dinámica y marcada, que invite al movimiento. Lo que no quiere decir que esté a un volumen muy alto.

Para descubrir

También es interesante ofrecer música de diferentes culturas, instrumentos y estilos: música clásica, tradicional, jazz, folk, canciones infantiles, música de otras partes del mundo…

La variedad también educa.

 

Más importante que el estilo: cómo la escuchamos

Para los niños pequeños, no solo importa qué música ponemos, sino cómo la ponemos.

Una música adecuada reproducida a un volumen excesivamente alto deja de ser una buena experiencia, incluso puede ser una experiencia traumática para los pequeños que son muy sensibles.

Además, cuando queremos favorecer la calma o la concentración, no siempre es conveniente mantener música de fondo continuamente. Podemos alternar momentos de música con momentos de silencio y escucha, permitiendo que el niño atienda también a los sonidos de su entorno.

Algunas investigaciones sobre el entorno sonoro infantil muestran que el volumen y las características acústicas del ambiente pueden influir en la percepción y el nivel de activación.

Música para aprender, sentir y crecer

Las experiencias musicales que realizamos en Escuela Infantil Sambori buscan precisamente eso: que los niños tengan un contacto natural y significativo con la música desde edades tempranas.

Escuchar un clarinete, descubrir cómo suena un tambor, seguir un ritmo, cantar juntos o experimentar con diferentes instrumentos son pequeñas experiencias que pueden convertirse en grandes oportunidades de aprendizaje.

Porque la música no es un complemento de la educación infantil.

Es una forma de conocer el mundo, relacionarse con los demás y expresarse.

Y cuando escuela y familia ofrecen a los niños oportunidades para escuchar, cantar, tocar, moverse y disfrutar de la música, estamos enriqueciendo su experiencia educativa desde los primeros años.

En Sambori creemos que educar también es enseñar a escuchar, a sentir y a expresarse. Y la música nos ofrece una maravillosa manera de hacerlo. 🎵

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