Hay aprendizajes que no necesitan un libro, una ficha ni una pantalla. Lo niños pequeños aprenden tocando, por eso los papás nos pasamos muchísimo tiempo recogiendo, guardando las cosas peligrosas fuera de su alcance y comprando muchos juguetes.
A veces, para aprender, basta con poner las manos en la tierra, plantar una semilla, regarla y esperar. Esto pasa con los huertos.
En Escuela Infantil Sambori de Torrent creemos que la educación durante los primeros años debe permitir a los niños experimentar, tocar, observar, preguntar, equivocarse y descubrir. Por eso, tenemos un huerto educativo que es una parte muy importante de nuestro proyecto: porque convierte la naturaleza en un aula al aire libre y el juego en una forma de aprender.
En nuestra escuela infantil de El Vedat de Torrent, contamos con un amplio espacio exterior y un huerto donde los niños participan en el cultivo de verduras y hortalizas.
Y hay algo especialmente bonito: los niños pueden llevar a casa parte de aquello que ellos mismos han cultivado. ¿Te imaginas a tu peque volviendo a casa, dándote un abrazo y mostrándote lo que ha conseguido con su propio esfuerzo?
Porque cuando un niño planta una semilla y un tiempo después recoge una hortaliza que ha ayudado a cuidar, no solamente está aprendiendo sobre plantas, sobre el ciclo de la vida.
En el huerto está aprendiendo sobre esfuerzo, paciencia, responsabilidad, naturaleza y trabajo. Por eso tener un huerto no era una opción era parte de nuestro currículum.

La tierra se convierte en un material de aprendizaje.
El huerto: un aula al aire libre
En Sambori entendemos que el aprendizaje no ocurre únicamente dentro del aula ni entre 4 paredes.
Nuestro proyecto educativo tiene entre sus pilares el respeto y cuidado de la naturaleza, junto con la pedagogía Montessori y el trabajo basado en las inteligencias múltiples.
Por eso, nuestro huerto educativo forma parte de la experiencia cotidiana de los niños.
La tierra se convierte en un material de aprendizaje.
Una planta se convierte en una oportunidad para observar.
Una semilla se convierte en una experiencia.
Y una cosecha se convierte en una pequeña celebración.
Los niños pueden descubrir con sus propias manos qué ocurre cuando plantamos, regamos, cuidamos y esperamos.
Aprender jugando también es aprender
Durante la primera infancia, el juego es una de las principales formas de aprendizaje. Y jugar es lo que los niños mejor saben hacer.
Cuando un niño juega con tierra, manipula una semilla, observa una hoja o descubre un pequeño insecto, está explorando el mundo y absorbiendo todo lo que ve, toca o siente como una esponja.

Aprender jugando también es aprender
En el huerto puede:
- tocar diferentes texturas;
- observar colores y formas;
- descubrir cómo crecen las plantas;
- experimentar con agua y tierra;
- aprender a cuidar un ser vivo;
- observar los cambios de las estaciones;
- trabajar la coordinación y la motricidad;
- compartir tareas con otros niños;
- hacer preguntas;
- descubrir de dónde proceden algunos alimentos.
Este tipo de aprendizaje conecta directamente con la propuesta de Sambori de trabajar mediante exploración, manipulación y aprendizaje activo.
La investigación sobre aprendizaje al aire libre también ha encontrado asociaciones con una mayor implicación de los niños en su aprendizaje y con el desarrollo de habilidades sociales y colaborativas, aunque los resultados dependen del diseño y contexto de cada programa.
Y por si fuera poco están respirando aire puro, haciendo ejercicio y fortaleciendo su cuerpo.
Aprender de dónde vienen los alimentos
Para un niño pequeño, decir que un tomate viene de una planta puede ser una idea abstracta.
Pero plantar una semilla, verla crecer y finalmente recoger un tomate es una experiencia completamente diferente.
El niño lo ve, lo toca y participa en el proceso.
De esta manera comienza a comprender conceptos que forman parte de su vida cotidiana:
semilla → planta → cuidado → crecimiento → fruto → alimento
También puede descubrir que las plantas necesitan agua, luz, tierra y cuidados.
Y que no todo aparece inmediatamente. Aprendemos paciencia.
Hay que esperar que la naturaleza haga su trabajo.
El huerto enseña algo que hoy resulta especialmente valioso: la paciencia
Vivimos en un mundo en el que muchas cosas suceden inmediatamente, la tecnología forma parte de la vida de nuestro hijos a edades tempranas, padres y abuelos velan por las necesidades de los pequeños todo el tiempo para que no les falte de nada. Todo esto es muy bueno, pero debemos aprender más cosas.
Porque una planta no crece porque queramos que crezca.
Necesita tiempo.
Los niños plantan hoy y tienen que esperar para ver los resultados. Cada día en nuestro huerto ven el proceso completo mientras cuidan de las plantas.
Esta experiencia sencilla permite introducir valores como:
- paciencia;
- constancia;
- responsabilidad;
- esfuerzo;
- cuidado;
- perseverancia.
El resultado no aparece de forma inmediata, debo esforzarme para que las cosas sucedan y tener paciencia.
Y precisamente ahí está parte del aprendizaje.
Cuidar una planta es aprender a cuidar
Cuando un niño participa en el cuidado del huerto, descubre que sus acciones tienen consecuencias.
Si una planta necesita agua, hay que regarla, o muere.
Si queremos recoger sus frutos, primero tenemos que cuidarla.
Si queremos que el huerto esté bonito, debemos respetarlo.
Así, una actividad aparentemente sencilla puede convertirse en una experiencia de aprendizaje completa que desarrolla responsabilidad y conciencia medioambiental.
En Sambori consideramos que el contacto directo con la naturaleza ayuda a que los niños desarrollen interés por ella y comprendan mejor aspectos como las estaciones, el origen de los alimentos y el cuidado del entorno.
Manos a la tierra: también trabajamos la autonomía
El huerto ofrece muchas oportunidades para que los niños participen activamente.
No se trata de que el adulto haga todo mientras ellos observan. Ellos aportan su granito de arena y dependiendo de la edad se esfuerzan todo lo que pueden.
Queremos que puedan hacer.
Coger tierra.
Plantar.
Regar.
Observar.
Recoger.
Transportar.
Compartir.
Ordenar.
Son pequeñas acciones, pero forman parte de un aprendizaje muy importante durante los primeros años: descubrir progresivamente “yo puedo hacerlo”. No importa lo pequeño que sea puedo ser parte del proyecto, y donde cada niño aporta lo que puede según su edad pero todos son parte del proyecto.
Esta filosofía conecta especialmente con nuestra forma de trabajar la autonomía dentro del proyecto educativo de Sambori.
En el huerto también aprendemos matemáticas
El huerto es mucho más que naturaleza.
También puede convertirse en un espacio para trabajar diferentes aprendizajes.
Por ejemplo:
¿Cuántas semillas tenemos?
¿Cuántas plantas han crecido?
¿Cuál es más grande?
¿Cuál es más pequeña?
¿Cuántas hojas tiene?
¿Qué planta ha crecido más?
Los niños pueden comparar, clasificar, contar, ordenar y observar.
Es decir, las matemáticas aparecen dentro de una experiencia real. Y aprenden sin darse cuenta de que están aprendiendo.
También aprendemos colores, formas y texturas
Verde, rojo, amarillo, marrón…
Lisa, rugosa, suave, áspera…
Grande, pequeña, redonda, alargada…
El huerto ofrece una enorme variedad de estímulos sensoriales.
Y esto es especialmente interesante durante la primera infancia, cuando los niños están descubriendo el mundo fundamentalmente a través de sus sentidos.
En Sambori damos importancia a la estimulación sensorial y al aprendizaje mediante la experimentación y la manipulación.
Aprender a trabajar juntos
El huerto también es un espacio social.
Los niños comparten herramientas, esperan su turno, observan lo que hacen sus compañeros y colaboran en pequeñas tareas.
No todos hacen necesariamente lo mismo.
Uno puede plantar.
Otro puede regar.
Otro puede recoger.
Otro puede observar.
Así, una actividad común se convierte también en una oportunidad para desarrollar habilidades de convivencia y colaboración. En el huerto aprendemos a trabajar en equipo respetando las capacidades de cada uno y los tiempos de cada uno.
Y después llega uno de los momentos más especiales: la cosecha
Hay algo mágico en que un niño pueda mirar una planta y decir:
“Esto lo he plantado yo.”
Aunque sean pequeños vemos su carita de felicidad, el orgullo de haberlo hecho ellos mismos y las ganas que tienen de contarlo en casa.
Y todavía más cuando puede llevarse parte de esa cosecha a casa.
En Sambori queremos que el aprendizaje tenga una conexión real con la vida.
Por eso, cuando nuestros pequeños cultivan determinados productos, pueden llevar a casa aquello que han ayudado a cultivar.
De esta manera, el aprendizaje continúa más allá de la escuela.
El niño puede llegar a casa con su pequeña cosecha y contar:
“Lo hemos plantado en el huerto.”
Y detrás de esa pequeña frase hay todo un proceso:
plantar → cuidar → esperar → observar → recoger → compartir.
El huerto también conecta escuela y familia
Cuando un niño lleva a casa algo que ha cultivado, la experiencia no termina en la escuela.
Comienza una conversación en el camino a casa, en casa, con los amigos y familiares. Eso ayuda que nos comuniquemos mejor, que nos contemos las cosas y que sintamos que nos preocupamos unos por otros.
¿Qué has plantado?
¿Cómo ha crecido?
¿Quién lo ha cuidado?
¿Cuánto has tenido que esperar?
¿Qué podemos hacer con ello?
La familia puede continuar ese aprendizaje en casa, convirtiendo una experiencia escolar en una experiencia compartida.
La evidencia disponible sobre programas de huerto escolar señala precisamente que la participación familiar y la integración de las actividades del huerto en la propuesta educativa pueden favorecer sus resultados.

Educar en el respeto por la naturaleza desde pequeños
Educar en el respeto por la naturaleza desde pequeños
La educación medioambiental no debería comenzar cuando los niños son mayores.
Puede empezar con algo tan sencillo como enseñarles que una planta es un ser vivo que debemos cuidar.
Que no debemos arrancar una flor sin motivo.
Que debemos ahorrar agua.
Que podemos cultivar nuestros propios alimentos.
Que la tierra forma parte de nuestro entorno.
Que la naturaleza cambia con las estaciones.
Son pequeñas experiencias que ayudan a construir una relación más cercana con el medio natural.
¿Qué aporta un huerto educativo a los niños?
La investigación sobre programas de huerto escolar ha encontrado posibles beneficios relacionados con el conocimiento sobre alimentación, la aceptación de frutas y verduras y determinados hábitos alimentarios, aunque los resultados varían según la edad, duración, actividades y participación familiar.
Las revisiones sobre aprendizaje en espacios naturales también han identificado beneficios relacionados con la implicación en el aprendizaje, las habilidades sociales y colaborativas y determinados aspectos del bienestar.
Por eso, más que pensar en el huerto como una actividad aislada, en Sambori lo entendemos como un espacio educativo más.
Un espacio donde se puede aprender:
🌱 Naturaleza
👐 Autonomía
🤝 Cooperación
🧠 Observación
🔢 Matemáticas
🎨 Estimulación sensorial
🥕 Alimentación
💚 Responsabilidad
⏳ Paciencia
💪 Esfuerzo
🌍 Conciencia medioambiental
Nuestro huerto educativo en Escuela Infantil Sambori
En Escuela Infantil Sambori, en El Vedat de Torrent (Valencia), contamos con un amplio patio exterior de aproximadamente 700 m², zonas ajardinadas y una zona destinada al huerto donde los niños cultivan verduras y hortalizas.
El contacto con la naturaleza forma parte de nuestra manera de entender la educación infantil.
Nuestro proyecto educativo combina pedagogía Montessori, inteligencias múltiples, aprendizaje activo, estimulación sensorial y respeto por la naturaleza.
Porque creemos que durante los primeros años los niños necesitan algo más que aprender conceptos.
Necesitan vivir experiencias.
Necesitan tocar, experimentar, ensuciarse, observar, preguntar, esperar y descubrir.
Y, sobre todo, necesitan sentir que son capaces.
🌱 Porque una semilla puede enseñar mucho más de lo que parece
Un niño que planta una semilla aprende que las cosas importantes necesitan tiempo.
Un niño que riega una planta aprende a cuidar.
Un niño que observa cómo crece aprende a esperar.
Un niño que recoge una cosecha descubre el resultado de su esfuerzo.
Y un niño que lleva esa cosecha a casa descubre algo todavía más importante:
“Esto lo hemos conseguido juntos.”
En Sambori queremos que nuestros niños aprendan así: jugando, experimentando, disfrutando y creciendo en contacto con la naturaleza.
Si estás buscando una escuela infantil en Torrent con huerto educativo, espacios al aire libre y un proyecto educativo basado en Montessori y el aprendizaje activo, te invitamos a conocer Escuela Infantil Sambori.
📍 El Vedat de Torrent, Valencia
📞 96 155 26 15 · 633 15 17 78
📍 Calle l’Ermiteta, 10, 46901 Torrent, Valencia.
